TODO ES AHORA

Todo es ahora. Cada zancada en la baldosa. El pulmón que antes respiraba. La vena por la que
ya no pasará la sangre. La flor del almendro. La lluvia. Una piel, dos. El amor más grande y
hasta el más pequeño. Todo es ahora. El invierno. El verano. El sonido del viento. El de la
sirena. La cuerda. La bala. Correr. El sueño. Una nota, dos. El pincel. Una huella. Mi risa. El
aplauso. La arena entre los dedos, en la clavícula. La farola. Una caricia. El vértigo. Un
despertar, dos, tres. La bandada. La soledad. El sabor del arroz. La tierra del camino. El tacto de
la piedra. La fortuna del pan. El sudor. Un orgasmo. La ligereza y la carga. Mis manos. Un olor,
dos, tres, cuatro. El aprendizaje. La quietud. El baile. Un parpadeo. Respirar. Un abrazo. La
dirección... Hasta el más fuerte de los latidos, latirá distinto mañana.
Todo, absolutamente todo, es ahora. Gracias.
El teatro. Suerte. El teatro es siempre.
Teatro es lo que ocurre...


SELVA. COSTA RICA

Anochece. Un ensordecedor silencio da paso al placentero sudor frío que aliviana tus pasos
centígrados. Sonríes al recordar que has pedaleado hacía un límite inexistente. Los horizontes
infinitos de un mundo redondo. A tu casa, a eso huele cada flor, la amarilla, la roja, a tu pelo.
Todo se respira, despacio, sin prisa. Todo el llanto. Toda la risa.

Violinistas temerosos guardan veloces su instrumento en el agujero de arena del que luego
saldrán a desafiarte bailando claqué. Las hojas se alborotan, se entusiasman, danzan ante la
llegada de la tormenta. Y todo se respira. La calma. La piel. Todo. Se respira, se te antoje en
agua o en leche. Sin sed. Una luz camina, se aleja. Verde. Se apaga. Caminas.

Ausentes constelaciones de un recuerdo te guían y el desconcierto sonríe. Hasta el pájaro que
canta a destiempo es inmutable a tu existencia. Todo se respira. La vida. Hasta la muerte ves
llegar en barca, blanca, cómo si no pesaran las tres cintas negras. Frágil. Flotas.

Imponentes troncos te muestran casi burlones la posibilidad constante de metamorfosis.
Raíces. Te apresuras a tocarlas, quieres moldear efímeras figuras entre los dedos. Te aferras.
Ante tus ojos se posan dos alas azules, gigantes, juguetean a que sigas su marcha con la
mirada. Y te sueltas. Todo se respira, guanábana, te meces. Todo amanece... Despierta.


POR UNA CABEZA

Las alas son eso. Aire denso entre los dedos. Un baile de ojos helados y muñecas ardientes.
Humo en una sola dirección, la que mi piel recorre ligera cuando pesa. Cuerdas soltando puños
incapaces de entrelazarse. Se abren, vuelan. Un martillo, tres golpes, la cortina, cuatro
puñados de arroz. Pero mis manos son grandes. Pero también mi hambre. Pero no puedo
hablar sólo de la música. ¿Alguna otra pregunta? Inocente. Sí juez, inocente amante del violín.
Otro golpe. Olvidas la acusación y recuerdas. La pusiste sola, la cortina.
Como todo lo que permanece. Cambia.

Tu libertad, sabiéndose efímera sonríe jugando a ser eterna.

¿Más sal? No. Laurel. Danza. Danza la mañana en una intensa caricia contigo misma. Todo el
cuerpo late al compás de los placenteros cambios de temperatura. Se estira. Se encoje.
Tumbado. De pie. Movimientos posibles envuelven el tacto a mi antojo. Respiran. Sutiles.
Bruscos. Intactos. Las alas son eso. Manos arañando sueños. Los míos. Un texto. Salen a
carcajadas del armario para ser uno. ¿Bailas? Sí. ¿Eres tú? Claro que soy yo. Y me dejo agarrar
los brazos, la cintura, el pelo, la sangre, gira. Me huelo. De nuevo se ve el escenario. Llenas los
pulmones. Sacudes el barro. El ritmo cardíaco ensordece la vista del próximo juicio.

Las alas son eso. Que se te hielen los ojos y te arda el alma.

La tuya. Contigo. Baila. Danza. Confía. Las alas, son eso.


OTOÑO 2020

El perfeccionismo dando por culo.
La incertidumbre a sus anchas.
Das dos pasos retrocedes tres.
La nueva normalidad de normal no tiene nada
salvo que sigues fumando demasiado. Mirando al cielo.
Por cada dos horas de calma siete de estrés.
Por cada cinco minutos de alegría 127 de tristeza.
El miedo que me rodea ya ni lo cuento.
Y estamos en guerra. Todos nosotros estamos en guerra.
Todas nosotras. Por dentro. Cada cual con su proyecto.
Cada cual con su ilusión. Porque eso no lo hemos perdido.
No todavía. Las ganas. Los sueños aún nos duran.
Ansiedad de que estamos vivos. Y soñamos.
Tanta confusión. Tanta frustración. Tanta gente bonita a mi alrededor.
Sufriendo. Enfadada. Agotada. Triste. Sonriendo.
Más vulnerables. Mas fuertes.
Más consientes. Saldremos. Vivimos.


NUEVE MOSCAS

Nueve moscas bailan en mi cuarto y su zumbido pide frío. Agitan sus frágiles alas a la velocidad
del silencio contra la lentitud del calor que aturde. Sobrevuelan los volantes y lunares que ya
fueron, pero no se van. Giran. Nueve moscas bailan en mi cuarto y la mierda está fuera. Sonrío.
Cuando la balanza se desequilibra, es cuando mejor haces el pino. Pienso. El instinto nunca
pierde. La experiencia menos. Los dientes que se muerden el labio lo saben. El brillo de los
charcos también. Esto no es más que un cuarto. Que ya fue y será. Con nueve moscas
bailando. Siendo águila quién quiere moscas. Azul. Sonrío dos. La luz la tengo yo. Humo. A
veces eructo. Alguien dice: Esta también soy yo. Y la mantengo. En verano y en invierno. El
nueve ha sido suficiente. Mente. Solo queda uno. Agitada. No hace falta veneno. Sólo
inteligencia. Quieta. Bailo con ellas. Demasiado ligeras para zumbar con tanto peso. Insectos. A
veces necesitan hacer mucho ruido para parecer más grandes. Otras estar muy callados para
que parezca que no están. ¿Sabrán que son solo un crujido? Se van. Las nueve. Sonrío tres. Fin.


MANADAS

A veces me canso. A veces lloro. Mucho, como ahora. Otras, me siento afortunada. De mi
época. Mucho. De mi lugar. Tanto. Otras sonrío porque sé de esa maravillosa y eterna fuerza
que llevamos dentro. Somos tan bellas. Somos tan bonitas todas... Tan poderosas. Otras me
frustro. Mucho. Como ahora. Se nos sigue pudiendo comprar. En pleno siglo XXI. En mi época.
En mi lugar. Hoy hombres de mi entorno en una comida cualquiera alardean en serio o en
broma de haber podido comprarnos en algún momento. Como si eso fuera algo de lo que
alardear. A veces no lo entiendo. Otras se dictan sentencias y lo entiendo todo... Nuestra
educación sexual nula en la infancia y basada en el mercado del porno en la adolescencia es la
que manda. La que impera en una mayoría borrega, machista. Cargadita de poder ignorante,
violento y patriarcal. ¿Para qué? ¿Para qué nos vamos a cuestionar nada? Si todo está bien
como está. Sí nuestras vidas siguen valiendo menos, aunque somos más de la mitad. Nuestros
cuerpos siguen sin ser de nuestra propiedad. Para la mayoría. Nuestra libertad no vale la pena
lucharla entre todos. ¿Para qué? Si se nos sigue pudiendo comprar. Juzgar, cuestionar,
menospreciar, torturar, explotar, humillar, golpear, violar... Matar. Y esos que alardean se
indignan de la manada. ¡Ja! Cómplices. Como si algo de eso tuviera que ver con el amor.
Qué tendrá eso que ver con hacer el amor.

Dos cuerpos. Tres, uno, cinco, los que sean. Gozándose, respirándose, deseándose,
escuchándose. Ritmos consentidos, decididos, respetándose en cada jadeo, en cada latido,
provocándose piel de gallina el uno al otro de todas las formas y maneras que se quieran
cuando se quiere. Mirándose o cubriéndose las espaldas. Sudar. Cabalgar libres. Seguras. Con
la misma persona, dos horas, tres días, con otra distinta, un rato, seis meses o toda la vida.
Porque se quiere, cuando se quiera. Hacer el amor es de lo mejor que tenemos en la vida…
Al parecer la mayoría no tiene ni puta idea de lo que es. Y nos llevamos la peor parte.
Nosotras. Y no hay que revisar nada. Ni en las familias, ni en las instituciones, ni en las leyes.
Ni cuando camino por la calle con o sin sujetador, con o sin depilación, larga o corta y tengo
que hacerlo incómoda. Nada. En mi época. En mi lugar.

¿Para qué? Sí soy afortunada. A veces me canso. A veces lloro, siento tanta rabia que sólo
puedo vomitar a una evolución tan lenta. Que quede tanto por hacer. Que no despertemos
como la verdadera manada de seres humanos que ya deberían saber hacer el amor. Y que
mientras eso llega, nosotras, tan poderosas, tan dignas, tan fuertes, tan capaces de resucitar
una y mil veces en nuestra debilidad, en nuestro imprescindible equilibrio en este planeta
desequilibrado, sigamos llevándonos la peor parte. Teniendo que gritar. Explicar. Ignorar.
Sonreír. Resignar. Perder. Incluso la vida. Como si no estuviéramos perdiendo todos. Me
repongo. En mi época. En mi lugar. Me levanto. Ignoro. Sonrío. Hago como que tiro la toalla
pero en realidad la estoy enrollando para golpear donde sirva. Conciencia. A veces por mucho
que me sigan negando hasta al nombrarme y me llamen pesada, yo sigo gritando. Por dentro y
por fuera. Hasta que deje de ser necesario porque bastará con que mi voz hable en calma para
ser escuchada. Y cada vez más voces gritan conmigo. Lo han hecho siempre. Y no se cansan.
Hasta que cambie. Justicia. Por todas la que se han ido sin ni siquiera saber lo que era. Por las
que están y aún no lo saben. Porque tampoco he sabido. Contra los culpables que sepultan la
libertad que nos pertenece. Con la minoría que sabe. Porque en el futuro, nos merecemos que
todas podamos y todos sepamos, lo que es hacer el amor.


SOLSTICIO DE INVIERNO

Cuando se erizan los cristales y se empañan las pieles. Lejos de las estrellas, las fuentes se
hielan bajo una luz artificial. Colores azules que sueñan grises, perezosos, no se quieren
levantar. Se encienden las velas y las hojas esperan, porque el viento es feroz para poder
emigrar. Al solsticio le voy a pedir, que nunca me digas nada que no sientas, ni te quedes con
nada que sientas, por decir. Bienvenido, Sol de invierno.

Oscureces las mañanas igual que aclaras las noches. Y ya estás aquí.


MAÑANAS

Mañanas. Mañanas porque se ha hecho de día, aunque la persiana bajada no deje ver las
macetas. Mañanas donde ansías más besos y menos palabras, más caricias que ruido y más
escalofríos que ropa, aún sin desearlo del todo, o sí. Relatos. Mañanas de decisiones no
decididas tomadas sin tomar, un azucarillo, dos, en algún movimiento sutil ves allá donde no
has podido mirar. Cabalgar. Mañanas de pequeñas luchas contra los ayeres donde entiendes
las grandes victorias contigo misma. De reojo. No, mírame de frente. Mañanas de rutinas
rotas, de un párpado que respiró cerca, pero devoraba un lugar lejano. Seguras
contradicciones que te hacen contener la risa. Mañanas de botas descalzas sobre la lluvia gris,
gotas de colores que te mojan la cara con inexplicables explicaciones que dan sentido al
absurdo de mi valiente sonrisa. ¿Dónde está el tótem?

Mañanas para quién camina sabiendo que ha dicho la verdad, ningún aullido dentro,
disfrutemos, aunque todo sea igual y distinto mañana.


MANOS A LAS ALAS

Se desvanece el asfalto. Atrás solo quedan las sombras de los pasos que caminé día tras día
contra el tiempo. A cambio de nada. Seguridad en la jaula dónde vuelan los pocos billetes que
matan al pájaro. Casi llenan la nevera, la cartera. Engordan el miedo. Atrás queda gente buena.
Otras vidas. Ya hice esto antes. Ahora. Ahora quién sabe si pueda pintar pronto el otro ojo de
esa figura. O si solo viva. Sueñe. Duerma. Todo. Nada más. Que solo sea. Que este siendo.

Si todo cambia, que las alas permanezcan.


UTOPÍA. (Nombre Femenino)

Algún día acabará todo esto. Los hombres dejarán de jugar a la guerra.

Algún día no habrá OTAN. Ni Palestina masacrada. Ni Putins, ni Bidens. Ni Bushes. Ni
Oligarquía. Ni capitalismo. Ni maternidad subrogada, la llaman. Ni mujeres violadas.

Algún día, yo no lo veré, ni la mayoría de las personas que lean esto ahora tampoco, pero
frases como: “Trabajar menos. Trabajar todos. Producir lo necesario. Redistribuir todo.”
dejarán de ser utópicas. No servirán cómo única esperanza presente continua para que
algunas de nosotras podamos dar sentido a la palabra vida. Sin culpa. Alegría. Comida. No
serán su significado: Perfectas. Ideales. Sin conflictos. En armonía. Ni nos parecerán realidades
tan lógicas. Entendibles. Deseables. Alcanzables. Ni empatía. Ni bien común. Ni sentido.

Siento. Pienso. Escribo esto desde mi sofá. El de la casa en la que vivo. Algún día no habrá casas.
Ni gente sin casas. Ni casas sin gente. Ni especulación. Sin frío ni calor. Sin paz ni guerra. Con la
nevera llena. La tele puesta. La tele. Noticias. ¿Noticias? Algún día no habrá cuarto poder. No
habrá poderes. Ni manipulación. Ni corrupción. Ni ignorancia. Ni ilusión. Ni pureza.

Algún día, yo no lo veré, ni la mayoría de las personas que leen esto ahora tampoco, pero, frases
como “El capitalismo mata”, habrán dejado de ser algo que se niega o reconoce, lo mismo da a
las que no nos está matando literalmente. Pero sí emocionalmente. Mentalmente. Sanamente.
Tra Tra. A nuestro planeta. ¿Nuestro? Algún día no habrá tuyo, ni suyo, ni mío. No habrá
nuestro. Ni lo bonito que habría sido. Ni lo sencillo. Lo natural. Equilibrar. Las dificultades. Las
contradicciones. La existencia. Ni religión. Ni abusos. Ni inocencia. Ni justicia. Ni monarcas.

Algún día no se negará la violencia de género. Ni habrá lucha por la Igualdad, ni la oportunidad
de que todo hubiera sido diferente con nosotras. Sin patriarcado. Ni sus juguetes. Sin armas.
Ni tanques. Ni lobbies, ni Amazon. En todas partes. Ni Tabaco. Ni farmacéuticas. Ni ONG. Ni su
negocio. Ni carne. Ni su negocio. Ni ninguno. Ni agua. Ni petróleo. Ni mar.

Yo no le veré. Ni la mayoría de las personas que están leyendo esto ahora tampoco, pero algún
día Yemen, Siria, Somalia, Ucrania, Estados Unidos, Europa, Rusia, China y todos sus hombres y
mujeres valdremos lo mismo. Nada. Ni banderas. Ni seres humanos ilegales. Ni leyes. Ni pieles.
Ni amor. No habrá quedado nada. Ni dios. Ni patria. Ni dinero. Ni pulmones. Ni esperanza.
Ni frustración. Ni rabia. Nada.

Malditos sean los hombres que han hecho el mundo tal cual es hoy. Sin nosotras. Malditos los
que nos roban todos los “algún día” a nosotras y a vosotros. Porque ya nunca serán.
Pero de ellos tampoco.

Ni el tiempo. No hay tiempo. Ni cambio climático. Ni para las palabras ni para sus significados.
Nos lo han robado. Y los sueños.

El universo seguirá sin nosotras, sin vosotros y sin ellos.


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