En el instante en que el vértigo vierte el cemento sobre tus pies es cuando saltas.
Y entonces vuelas. Y desde tan alto, no se ven las grietas. Al final van a quedar atrás, como
quedan todas, en la pared del pasado que el viento moldeará a su antojo. Entrar con aplomo
en el vuelo del presente hacia un futuro que no existe es el único modo de soportar el peso de
los sueños. No, no son ligeros. Que suerte ser de espalda ancha y brazo fuerte.

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