Cuando alzas la mirada y Casiopea ha vuelto, aunque estés en Madrid.
Cuando la dureza se ha hecho tan fuerte que sientes verdad en lo blando.
Cuando tus piernas caminan desnudas, el olor a noche agudiza tu mirada vestida.
Cuando la velocidad del silencio calla cualquier ruido externo al del aire. Late el alma.
Ningún cuaderno aguarda más con las hojas en blanco, todas se llenan de pájaros.
Cuando el asfalto es ligero. Suena un violín.
Qué bonito es Madrid…