Y sí existe una vez en la que cerrarse dolió tanto que ya no vuelve a abrirse. Se puede vivir a cal
y canto. Claro que se puede. Anhelando llaves huecas. Cegados de orzuelos. Esperanzados.
Ingenuos. Se puede sacudir el polvo y dejarlo volver a llenar, solo. Acostumbrarse a los huesos
de uno, sin otro. Ansiando otra vida. La propia. Claro que se puede, morir respirando. En la
agonía sonreímos un instante. La valentía del Almendro no es cuestionable ni por el hielo.