Cuando se erizan los cristales y se empañan las pieles. Lejos de las estrellas, las fuentes se
hielan bajo una luz artificial. Colores azules que sueñan grises, perezosos, no se quieren
levantar. Se encienden las velas y las hojas esperan, porque el viento es feroz para poder
emigrar. Al solsticio le voy a pedir, que nunca me digas nada que no sientas, ni te quedes con
nada que sientas, por decir. Bienvenido, Sol de invierno.
Oscureces las mañanas igual que aclaras las noches. Y ya estás aquí.