Algún día acabará todo esto. Los hombres dejarán de jugar a la guerra.

Algún día no habrá OTAN. Ni Palestina masacrada. Ni Putins, ni Bidens. Ni Bushes. Ni
Oligarquía. Ni capitalismo. Ni maternidad subrogada, la llaman. Ni mujeres violadas.

Algún día, yo no lo veré, ni la mayoría de las personas que lean esto ahora tampoco, pero
frases como: “Trabajar menos. Trabajar todos. Producir lo necesario. Redistribuir todo.”
dejarán de ser utópicas. No servirán cómo única esperanza presente continua para que
algunas de nosotras podamos dar sentido a la palabra vida. Sin culpa. Alegría. Comida. No
serán su significado: Perfectas. Ideales. Sin conflictos. En armonía. Ni nos parecerán realidades
tan lógicas. Entendibles. Deseables. Alcanzables. Ni empatía. Ni bien común. Ni sentido.

Siento. Pienso. Escribo esto desde mi sofá. El de la casa en la que vivo. Algún día no habrá casas.
Ni gente sin casas. Ni casas sin gente. Ni especulación. Sin frío ni calor. Sin paz ni guerra. Con la
nevera llena. La tele puesta. La tele. Noticias. ¿Noticias? Algún día no habrá cuarto poder. No
habrá poderes. Ni manipulación. Ni corrupción. Ni ignorancia. Ni ilusión. Ni pureza.

Algún día, yo no lo veré, ni la mayoría de las personas que leen esto ahora tampoco, pero, frases
como “El capitalismo mata”, habrán dejado de ser algo que se niega o reconoce, lo mismo da a
las que no nos está matando literalmente. Pero sí emocionalmente. Mentalmente. Sanamente.
Tra Tra. A nuestro planeta. ¿Nuestro? Algún día no habrá tuyo, ni suyo, ni mío. No habrá
nuestro. Ni lo bonito que habría sido. Ni lo sencillo. Lo natural. Equilibrar. Las dificultades. Las
contradicciones. La existencia. Ni religión. Ni abusos. Ni inocencia. Ni justicia. Ni monarcas.

Algún día no se negará la violencia de género. Ni habrá lucha por la Igualdad, ni la oportunidad
de que todo hubiera sido diferente con nosotras. Sin patriarcado. Ni sus juguetes. Sin armas.
Ni tanques. Ni lobbies, ni Amazon. En todas partes. Ni Tabaco. Ni farmacéuticas. Ni ONG. Ni su
negocio. Ni carne. Ni su negocio. Ni ninguno. Ni agua. Ni petróleo. Ni mar.

Yo no le veré. Ni la mayoría de las personas que están leyendo esto ahora tampoco, pero algún
día Yemen, Siria, Somalia, Ucrania, Estados Unidos, Europa, Rusia, China y todos sus hombres y
mujeres valdremos lo mismo. Nada. Ni banderas. Ni seres humanos ilegales. Ni leyes. Ni pieles.
Ni amor. No habrá quedado nada. Ni dios. Ni patria. Ni dinero. Ni pulmones. Ni esperanza.
Ni frustración. Ni rabia. Nada.

Malditos sean los hombres que han hecho el mundo tal cual es hoy. Sin nosotras. Malditos los
que nos roban todos los “algún día” a nosotras y a vosotros. Porque ya nunca serán.
Pero de ellos tampoco.

Ni el tiempo. No hay tiempo. Ni cambio climático. Ni para las palabras ni para sus significados.
Nos lo han robado. Y los sueños.

El universo seguirá sin nosotras, sin vosotros y sin ellos.

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